Museo Etnográfico

Carpintería

Una vez talado el árbol con un tronzador, se procedía a su escuadrado con el machado; cuando se obtenían las caras deseadas, iguales las cuatro, se aupaba el tronco preparado encima de la ranura de la burra, ayudándose en el otro extremo con dos puntais. Para que la madera no se moviese, se aseguraba contra la burra con unos hierros especiales denominados gatos. El tronco previamente marcado con líneas rojas que señalan los diferentes hilos por los que entrará la sierra, está listo para obtener los tablones. La precisión era total, valiéndose de un compás y una plomada, ya que marcaban las líneas en la parte superior, en la cabeza y en la parte inferior, para que de esta forma los dos serradores guiaran la sierra correctamente. Un trabajador subía por la burra hasta situarse por encima del tronco y el otro se colocaba en el suelo, de rodillas, para hacer funcionar entre los dos la sierra. En una primera etapa se empleó la impresionante sierra de aire y posteriormente, y en algunos casos en convivencia, la denominada sierra portuguesa. Para que la sierra entrara sin dificultad se empleaba una cuña de madera, que se introducía en el hilo una vez que la sierra ya había penetrado unos centímetros. Además de los carpinteros profesionales a quien se le encargan las piezas de ejecución más compleja, existía en casi todas las casas de las aldeas de nuestro ayuntamiento un lugar destinado a arreglar las piezas de madera más sencillas imprescindibles para la vida en otros tiempos.